Rendimiento mental

¿Qué hace a un buen capitán?

¿Qué hace a un buen capitán?

¿Qué hace a un buen capitán?

El liderazgo dentro de un equipo no depende solo de quién lleva la cinta, sino de quién es capaz de asumir responsabilidad, comunicar y sostener al grupo cuando las cosas se complican. Este artículo explora qué hace a un buen capitán y cómo crear contextos donde el liderazgo pueda desarrollarse.

El liderazgo dentro de un equipo no depende solo de quién lleva la cinta, sino de quién es capaz de asumir responsabilidad, comunicar y sostener al grupo cuando las cosas se complican. Este artículo explora qué hace a un buen capitán y cómo crear contextos donde el liderazgo pueda desarrollarse.

Toni Scoufalos

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Atleta preparándose en la pista

¿Qué hace realmente a un buen capitán?

En muchos equipos no falta talento. Hay jugadores con técnica, experiencia, físico y capacidad para competir. Sin embargo, hay una figura que suele ser bastante más difícil de encontrar: alguien capaz de sostener al equipo cuando aparecen la presión, la duda o el caos.

No necesariamente es quien más habla, quien mejor juega o quien lleva la cinta. Para mí, ahí empieza la verdadera capitanía.

La capitanía se ve en las conductas

Un buen capitán está atento al juego, pero también a las personas. Representa los valores del equipo con lo que hace, mantiene su presencia incluso cuando él mismo está teniendo un mal partido, se anima a comunicar cuando sería más fácil callarse y puede desafiar a un compañero sin dejar de cuidarlo.

También ocupa muchas veces un lugar incómodo: hace de puente entre jugadores y entrenador, pone palabras a cosas que otros no están diciendo y asume cierta responsabilidad cuando el grupo empieza a desordenarse.

Ahí es donde más se nota el liderazgo. No cuando todo funciona, sino cuando las cosas se complican y alguien decide seguir estando para el equipo.

No todos los líderes se parecen

También creo que es un error buscar un único modelo de líder.

Dentro de un equipo puede estar quien representa formalmente al grupo, quien lidera principalmente con su ejemplo, quien percibe rápidamente cómo está el clima emocional o quien tiene una facilidad especial para unir a los demás.

Incluso puede haber jugadores que no ocupen normalmente un lugar de liderazgo pero que, en un momento puntual, sean capaces de tomar la iniciativa que el equipo necesita.

Por eso, más que pensar solamente en “el líder”, me interesa pensar en una red de liderazgo: distintas personas capaces de aportar algo diferente al funcionamiento del equipo.

¿Por qué cuesta que aparezcan líderes?

Porque liderar incomoda.

Supone exponerse, decir algo cuando sería más fácil quedarse callado, asumir responsabilidad, tolerar equivocarse o tener una conversación que quizás genere tensión.

No todo el mundo está preparado para ocupar ese lugar desde el principio. Puede aparecer vergüenza, miedo al conflicto, miedo a destacar o simplemente falta de experiencia.

Pero hay otra parte que no depende solo del jugador: el contexto tiene que permitir que el liderazgo aparezca.

Si un entrenador controla todas las decisiones, da todas las respuestas y corrige constantemente, puede terminar generando jugadores que esperan indicaciones en lugar de personas que piensan, proponen y se hacen cargo.

Los líderes no aparecen solamente porque los nombremos capitanes. También necesitan un espacio donde aprender a liderar.

El liderazgo también se puede entrenar

Acá es donde, para la versión de tu web, sumaría un paso práctico.

Podemos empezar preguntándonos qué significa concretamente liderar bien en nuestro equipo.

¿Cómo esperamos que alguien actúe cuando vamos perdiendo? ¿Qué debería hacer cuando un compañero entra en frustración? ¿Cómo queremos comunicarnos cuando hay un conflicto? ¿Qué significa representar los valores del equipo dentro de un entrenamiento?

Cuanto más concretas sean esas respuestas, menos depende el liderazgo de “tener personalidad” y más empieza a convertirse en algo que podemos practicar.

Para un entrenador también aparecen preguntas interesantes: ¿qué decisiones podrían empezar a tomar los jugadores? ¿Dónde pueden asumir responsabilidad? ¿Qué conversaciones estamos resolviendo nosotros que quizá tendría que aprender a resolver el equipo?

No se trata de dejar al grupo solo, sino de generar oportunidades para que otras personas empiecen a ocupar ese espacio.

Una pregunta para llevarte al próximo entrenamiento

Si sos jugador, pensá:

¿Qué necesita hoy mi equipo de mí cuando las cosas se complican?

Y si sos entrenador:

¿Estoy creando jugadores que esperan mis respuestas o jugadores capaces de empezar a construir las suyas?

Porque quizás la figura más difícil de encontrar en un equipo no sea la que tenga más talento.

Quizás sea la persona que, cuando aparece la presión, aprende a estar un poco más presente.