Rendimiento mental

La crisis de atención también afecta tu rendimiento

La crisis de atención también afecta tu rendimiento

La crisis de atención también afecta tu rendimiento

Muchas veces explicamos un mal rendimiento diciendo que nos faltó confianza, concentración o liderazgo, sin observar qué hicimos realmente en esos momentos. Este artículo propone bajar el ruido, mirar nuestra conducta con mayor precisión y convertir esa observación en algo que podamos entrenar.

Muchas veces explicamos un mal rendimiento diciendo que nos faltó confianza, concentración o liderazgo, sin observar qué hicimos realmente en esos momentos. Este artículo propone bajar el ruido, mirar nuestra conducta con mayor precisión y convertir esa observación en algo que podamos entrenar.

Toni Scoufalos

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Atleta preparándose en la pista

La crisis de atención también afecta tu rendimiento

Vivimos rodeados de estímulos. Mensajes, información, notificaciones, cosas que resolver y la sensación constante de que tenemos que responder rápido.

Y eso también entra a la cancha.

Cuando algo no está funcionando solemos querer solucionarlo enseguida: motivarnos más, pensar menos, controlar lo que sentimos o encontrar rápidamente una explicación. Pero muchas veces, antes de intervenir, necesitamos algo bastante más simple y a la vez más difícil: prestar atención a lo que realmente está pasando.

Mirar antes de corregir

Byung-Chul Han, retomando algunas ideas de Simone Weil, habla de una forma de atención que requiere detenerse, observar y no querer capturar inmediatamente aquello que tenemos delante.

Me interesa mucho esa idea aplicada al deporte.

Porque atender no necesariamente significa esforzarnos más por concentrarnos. A veces significa exactamente lo contrario: bajar un poco el ruido para poder observar con mayor precisión.

Cuando terminamos un partido diciendo “me bloqueé”, “me faltó confianza”, “me aceleré” o “estaba desconcentrado”, estamos intentando explicar lo que pasó. El problema es que esas explicaciones todavía nos dicen bastante poco sobre qué podemos hacer diferente.

Una pregunta que utilizo mucho es:

¿Qué hiciste concretamente cuando eso ocurrió?

Ahí empieza a cambiar la conversación.

De la etiqueta a la conducta

Imaginemos a un capitán que normalmente habla, ordena al equipo y transmite energía. Sin embargo, cuando empieza a jugar mal o su equipo va perdiendo, deja de comunicarse, protesta más y empieza a desconectarse.

Podríamos decir rápidamente:

“Le falta liderazgo en los momentos difíciles”.

Quizás sea cierto. Pero no nos ayuda demasiado.

Podemos mirar un poco más:

¿Qué pasó justo antes de que dejara de hablar? ¿Había cometido un error? ¿Empezó a frustrarse? ¿Qué hizo después? ¿Bajó la cabeza? ¿Dejó de pedir la pelota? ¿Cómo respondieron sus compañeros?

Ahora ya no estamos trabajando solamente sobre “liderazgo” o “confianza”. Estamos observando una secuencia concreta de comportamientos que aparece ante determinada situación.

Y si podemos reconocerla, también podemos empezar a intervenir sobre ella.

Una herramienta simple de autoobservación

Después de un entrenamiento o partido, podés elegir una situación importante y reconstruirla con cuatro preguntas:

1. ¿Qué estaba pasando?
Por ejemplo: cometí dos errores seguidos y el equipo iba perdiendo.

2. ¿Qué pensé o sentí?
Frustración, miedo a volver a equivocarme, bronca, aceleración.

3. ¿Qué hice concretamente?
Dejé de pedir la pelota, bajé la cabeza y empecé a hablar menos.

4. ¿Qué podría hacer diferente la próxima vez?
Respirar, volver a comunicarme, pedir nuevamente la pelota o utilizar alguna rutina que haya entrenado.

No hace falta analizar cada acción del partido. Con identificar algunas situaciones que se repiten podemos empezar a encontrar patrones.

Incluso podemos pedirle a un entrenador o compañero que nos observe. Muchas veces ellos pueden ver comportamientos que nosotros, metidos dentro del partido, no registramos.

Prestar atención también se entrena

La psicología deportiva no trabaja solamente con lo que pensamos o sentimos. También trabaja con qué hacemos cuando aparece la presión, después de un error, cuando recibimos una corrección o cuando el partido empieza a complicarse.

Por eso me interesa tanto observar antes de querer solucionar.

Porque si ante cualquier dificultad llegamos rápidamente a “me falta confianza”, probablemente intentemos trabajar sobre la confianza. Pero quizás el problema concreto sea que después de un error dejamos de comunicarnos durante cinco minutos.

Eso ya es otra cosa.

Y es mucho más entrenable.

Vivimos en una cultura que nos acostumbra a reaccionar rápido. En el deporte también podemos caer en esa lógica y querer corregir inmediatamente todo lo que no funciona.

Pero quizás rendir mejor no empiece siempre por hacer más.

A veces empieza por mirar mejor.